Los niños,
hoy en día, aprenden a aprobar según el método de enseñanza pero no aprenden
los conocimientos en sí. Esto quiere decir que, basándose en los conocimientos
teóricos impartidos por el profesor, los niños tan solo se centran en aprobar
el examen, dejando de lado lo que podrían aprender y, por tanto, memorizando
los contenidos para plasmarlos en el examen. Este método tan tradicional
resulta pésimo para tratar que los estudiantes aprendan, ya que no lo hacen. En
su lugar, adquieren conocimientos básicos de muchas materias, los cuales
olvidan al poco tiempo de examinarse acerca de ello.
Todo lo
anteriormente dicho, evidentemente, no es culpa de los niños, sino del sistema
educativo. Pero, por desgracia, sí repercute en su aprendizaje y formación para
su futuro en el mundo laboral. De todos los contenidos que tocan, al final algo
terminan aprendiendo en la escuela, pero no de la mejor manera posible. Por lo
general y sorprendentemente, suelen aprender mucho más en ambientes menos
instructivos, es decir, más distendidos, amenos y cercanos a los ojos de los
niños. El problema principal es que, por norma general, la escuela frena
la creatividad de los niños, puesto que únicamente se centran en su desarrollo
en el ámbito académico, y no orientan al alumno para ayudarle a desarrollar su
personalidad plenamente.
Hoy día, la
escuela sigue respondiendo con métodos tradicionales, muy alejados de las
necesidades reales de la sociedad actual y de los intereses de los alumnos. Por
ello, se dice que el sistema educativo es anacrónico, algo que debería cambiar
en pleno siglo XXI.
La educación
es una tarea puramente humana, y es por ello que el principal cambio que ha de
ocurrir es que la escuela se encargue de humanizar la educación, de educar para
el futuro, según las necesidades de las personas y no según los intereses
económicos, por ejemplo.
Tras haber visualizado el vídeo "La voz de los estudiantes", he observado que me sentía identificada con la mayor parte de situaciones que se reflejaban: el excesivo coste de la educación superior, la falta de atención por parte de los alumnos en las clases, los contenidos inservibles que se tratan en algunas asignaturas, la enorme cantidad de lecturas que nos exigen, la falta de atención personalizada por parte de los profesores (como las horas de tutoría)... y un sinfín de debilidades y carencias con las que cuenta nuestro sistema educativo.
Si no
luchamos por la perpetuidad y la mejora de una educación pública con calidad de
todos y para todos, el futuro no deparará nada bueno, dado que la educación es
lo más valioso que tenemos. Hemos de tomar conciencia de que sin educación no
se puede formar a las personas y, en consecuencia, tampoco a futuros
profesionales, sea en el ámbito que sea.
A modo de
conclusión podemos decir que, la educación responde a una necesidad, un derecho
y un valor. Si prescindimos de alguno de ellos tiene consecuencias. En la
mayoría de sistemas educativos, mediante la adquisición de conocimientos, se
busca la obtención de los mejores resultados por parte del alumnado. Pero más
allá de todo es, debemos tener muy presente que la educación debe ser el
resultado de la instrucción y la orientación de los alumnos para lograr la
mejor formación posible, no solo en el terreno de lo académico sino también en
la construcción de la personalidad y la potenciación y adquisición de valores
humanos, tales como la empatía, la solidaridad y el respeto por uno mismo y por
la sociedad en la que se encuentra inserto.
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